El aburrimiento es algo, el no paso del tiempo. O mejor, la conciencia de la lentitud del paso del tiempo. La conciencia de uno mismo y de uno mismo en el mundo. Es lo opuesto a la diversión, que es producto de la ficción. Toda diversión viene de una ficción, abstracción del mundo y sus problemas e inmersión en otro mundo y sus problemas. Los problemas del otro mundo no son menos graves, o solo lo son por irreales. La ficción es lo opuesto al garrón, que es producto del aburrimiento. El garrón genera filósofos, siempre. El filósofo es enemigo del payaso, gestor de la diversión. Es payaso cualquier elemento de la realidad que divierta, libro, película, charla, montaña rusa, payaso propiamente dicho. El filósofo reniega de la abstracción, porque la verdadera abstracción es la diversión. La diversión, en tanto es ficción, no presta atención a la realidad. El filósofo dice que describe la realidad con el lenguaje; al producto de eso lo llama verdad. El filósofo se toma en serio, por eso se puso nombre, filósofo. El habitante de la ficción no sabe dónde está ni cómo se llama, no le importan estar y llamarse. Solo le importa el payaso, pero cualquier payaso está bien. El filósofo se horroriza de esto. Crítica al habitante de la ficción y a su payaso. Dice que no les encuentra sentido. El filósofo se obsesiona con que todo, sin falta, tenga sentido. Descubre, eventualmente, que las cosas no tienen sentido, o que no conoce cosas con sentido. Esto le parece muy grave y decide abandonar el aburrimiento en pos de la nada. Cuando pasa el habitante de la ficción, lo ve muerto y se lo lleva con él. Le borra el nombre y lo convierte en payaso.
viernes 26 de agosto de 2011
Pagliacci
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Escribir esto fue un garrón
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2 Se ponen la gorra:
Me encanta.
Te zarpaste Frank
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